Yo me aferro a la luz
de mi ventana
como si fuera eterna.
Y ese instante fugaz
que no ha sobrevivido
me dejo vendavales
de nostalgias,
tímidos resplandores
en el alma,
dos alas de gorrión
en los zapatos
y risas en cadena.
Mi ventana
es un mundo sin fronteras,
es una eternidad,
una pitada.
Allá afuera
esta el mundo,
me lo muestran
los cuatro palos
de su boca clara.
Nora Ageitos
